Me levanté a las 4 de la tarde, con el canto de un búho vestido de payaso. Vi a una tortuga jugando al Black Jack con mi despertador; el resultado estaba escrito antes de que me despertase.
Cada hoja en el tanatorio de mis pasos me recuerda a un alma que muere. Mueren por el desprecio del otoño, que antaño prendía la vela creativa con el frío de sus suspiros secantes.